Mayo 15, 2008...8:29 pm

Aldea Global

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Por lo general los informes sobre la red mundial de logos y de productos se presentan envueltos en la retórica triunfal del marketing de la aldea global, un sitio increíble donde los salvajes de las selvas más remotas manejan ordenadores, donde las abuelitas sicilianas hacen negocios por medio de la electrónica y los “adolescentes globales” comparten “una cultura global”, para repetir la frase de la página de Internet de Levi Strauss. Desde Coca Cola hasta McDonald’s y Motorola, todas las empresas organizan sus estrategias de marketing según esta visión posnacional; pero la campaña que con más acierto capta la promesa igualitaria del planeta unido por las marcas es: “Soluciones para un pequeño planeta”, de IBM.

El interés que ha despertado esta versión eufórica de la globalización no ha tardado en desvanecerse, y las grietas y las fisuras ocultas tras su brillante fachada han quedado al descubierto. Durante los últimos cuatro años, los occidentales hemos comenzado a ver otro tipo de aldea global, donde la desigualdad económica se ensancha y las oportunidades culturales se estrechan.

Es la aldea donde algunas multinacionales, lejos de nivelar el juego global con empleos y tecnología para todo el mundo, están carcomiendo los países más pobres y atrasados del mundo para acumular beneficios inimaginables. Es la aldea donde vive Bill Gates y amasa una fortuna de 55 mil millones de dólares mientras la tercera parte de sus empleados están clasificados como temporales, y donde la competencia queda incorporada al monolito de Microsoft o se hunde en la obsolescencia por obra de la última hazaña de creación de software.

Es la aldea donde estamos mutuamente conectados por una red de marcas, pero el revés consiste en arrabales como los que vi en Yakarta. IBM sostiene que su tecnología está presente en todo el mundo, y es verdad; pero con frecuencia esa presencia significa que los obreros mal pagados del Tercer Mundo fabrican los microcircuitos de ordenador y las baterías que mueven nuestros aparatos. En las afueras de Manila, por ejemplo, conocí a una muchacha de 17 años que ensambla unidades de CD-ROM de IBM. Le dije cuánto me sorprendía que alguien tan joven pudiera realizar este trabajo de alta tecnología. “Nosotros hacemos los ordenadores -me dijo-, pero no sabemos manejarlos”. Después de todo, parece que nuestro planeta no es tan pequeño.

Sería ingenuo pensar que los consumidores occidentales no se han beneficiado con las diferencias que hay en el mundo desde los primeros días del colonialismo. El Tercer Mundo, según dicen, siempre ha existido para mayor comodidad del primero. Lo nuevo, sin embargo, es el interés por investigar los lugares de origen de los artículos de marca, que son lugares donde las marcas no existen. Así se ha descubierto que el origen de las zapatillas Nike son los infames talleres de Vietnam; el de las ropitas de la muñeca Barbie, el trabajo de los niños de Sumatra; el de los cafés capuchinos de Starbuck en los cafetales ardientes de Guatemala y el del petróleo de Shell en las miserables aldeas del delta del Níger.

Fragmento del libro No Logo de Naomi Klein.

1 comentario

  • Tienes mucha razón, miramos hacia otro lado ante la increible diferencia entre una zona y otra. Mientras una pequeña porción del planeta nos hinchamos a hamburguesas, compramos tecnología punta y conducimos coches nuevos, en otras no tienen ni siquiera para comer cada dos días.

    Una verdadera lástima, pero si queremos vivir así de bien tiene que ser a costa de que otros vivan mal, eso es así.

    Bueno dejando a un lado este tema tan triste, te he dejado un meme en mi blog, espero que lo sigas un saludo

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